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La telenovela mexicana en el tercer milenio

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Portada Etcetera no. 274


Este articulo fue publicado en la revista Etcetera no. 274. Muchos dramas han pasado desde que fue transmitida la primera telenovela en México, Senda prohibida, el 12 de junio de 1958. Con la ocasión de las festejas para 50 de años de telenovela en México (31.08.2007) pensé a incluirlo en la sección de Televisión > Artículos relacionados. - Te invito a leer también otro artículo de síntesis ¿Por qué gustan las telenovelas? 40 años de melodrama en México – opiniones de Gerardo Zurita hermano de Humberto Zurita y socio del matrimonio Zurita-Bach en la empresa ZUBA.

La telenovela mexicana parece haber agotado sus viejos y anquilosados esquemas y requerir de una profunda y radical renovación, que le permita enfrentar el nuevo milenio y sobrevivir a los desafíos que se avecinan: la globalización socioeconómica, los cambios políticos y sociales del país, la televisión digital de alta definición, el considerable aumento de las opciones en la programación televisiva gratuita, la televisión por cable y la televisión directa al hogar con unos 150 canales que ofrecen desde pornografía hasta religión.

Con la aparición en la pantalla de Nada personal, su secuela Demasiado corazón y Mirada de mujer (producidas todas por Epigmenio Ibarra y su compañía Argos), historias fuera de lo común en la pantalla casera mexicana, la telenovela tradicional da la impresión de estar desgastada, aun cuando se siga vendiendo a innumerables países en el mundo entero. Y ante esta realidad se impone una reflexión seria, porque la telenovela, pese a la postura que asumen algunos intelectuales que la consideran un subproducto degenerado, sigue siendo el paradigma de los mass-media, y no un eventual fenómeno de comunicación social; mucho menos un primitivo y mercenario enunciador comercial. La telenovela sigue emocionando con su mundo de bajas pasiones, de sentimientos primarios, de placeres y de antídotos para el tedio. Sigue emocionando con su mundo melodramático convertido en espectáculo.

Para iniciar la reflexión debemos analizar el fenómeno provocado por las telenovelas de Argos, porque no todo lo que brilla es melodrama y no todos los televidentes le huyen a la telenovela tradicional y a su historia de la cenicienta.

Nada personal no logró superar en rating, pese a los escándalos de Ana Colchero y a sus especulaciones políticas, a dos telenovelas mediocres y aburridas, como lo fueron Bendita mentira y Tú y yo. Las causas probables son:

  1. Una parte considerable del consumidor reticente a dejar sus hábitos con el género.

  2. El distanciamiento de la estructura del género (el thriller policiaco superó los códigos del melodrama).

  3. La falta de osadía de los productores para abordar la temática escogida (independientemente de los posibles problemas de censura oficial).

  4. Una dramaturgia deficiente, con subtramas mal aprovechadas, pobre diseño de personajes y lentitud en el desarrollo de la trama.

Demasiado corazón no se aleja de Nada personal, su hermana mayor, sino que agudiza algunos de los defectos arriba señalados:

  1. Aborda nuevamente el tema del narcotráfico sin nada de mística y sin convertir en diversión los elementos realistas que incorpora.

  2. Se perdió totalmente el melodrama, para caer en una serie policiaca que más bien parece un Rambo a la mexicana.

  3. Los productores siguen confundiendo la ficción con la verdad a medias; la fabulación de la realidad con la realidad distorsionada.

  4. La dramaturgia confunde la acción dramática con la violencia y las "acciones policiacas"; las subtramas sólo están planteadas y la historia es lenta,poco entretenida y excesivamente complicada.

Tanto en Nada personal como en Demasiado corazón el pretexto de realización fue el mismo: "Intentar despojarse de las convenciones temáticas y formales que marcan al género telenovelero", pero, paradójicamente, al "despojarse" de las convenciones se acercaron a otras, y dejaron atrás al melodrama folletinesco para adentrarse en el mundo de las series policiacas gringas, pero sin el nivel de éstas, y de paso inventar a Alfonso Carbajal, una especie de héroe abortado con ingredientes del Renegado Vincent Black, de los policías de NYPDB y de las hazañas de James Bond.

Sin embargo, el despojo de convenciones llegó con Mirada de mujer, la mejor telenovela mexicana de los últimos años, que fue capaz de despertar al aletargado televidente, de convocar a la polémica social y de alborotar las estancadas aguas de los telemelodramas, demostrándole a los televidentes que podían y debían cambiar sus hábitos de consumo, al mismo tiempo que incorporaba a nuevas generaciones que no tenían la costumbre de ver el género, pero que se sintieron atraídas por la temática tocada.

Las razones del innegable éxito de Mirada de mujer están a la vista:

  1. Un tratamiento diferente de la historia basada en una temática vinculada con la realidad, narrada de verosimilitud casi naturalista y con personajes humanos, profundos, llenos de matices, que sostienen diálogos frescos y orgánicos. Una historia trabajada cuidadosamente por un escritor inteligente, con oficio, con recursos.

  2. Una realización novedosa (al igual que en Nada personal y Demasiado corazón, aunque con otro estilo) con movimientos de cámara más arriesgados, una fotografía poco convencional para el género y el uso de filtros y de una iluminación creativa para lograr una textura más cinematográfica.

  3. La contratación de personal creativo con amplia experiencia y una sólida formación profesional, que gusta de asumir riesgos, aun a expensas de cometer errores.

Con Mirada de mujer se dio un paso muy importante hacia la transformación del género en México, que definitivamente no puede continuar encerrado en sus viejos dogmas si quiere seguir siendo el género televisivo capaz de convocar a millones de personas ante el televisor; y esto es así porque la telenovela no puede permanecer ajena a los cambios socioeconómicos y políticos que está viviendo el país, que conllevan a un profundo despertar de la conciencia de la sociedad, a la alternancia en el poder y a la democratización; cambios que de igual manera están viviendo muchos de los países consumidores del género (latinoamericanos, asiáticos, africanos y Medio Oriente) que durante años vivieron en sociedades muy cerradas que no toleraban tocar ciertos temas considerados tabúes.

¿Cuál es el futuro de la telenovela mexicana?

Profetizar es una tarea difícil, pero en el caso de la telenovela el futuro no es un espejismo, es más bien evidente.

Las dos principales televisoras del país se deben replantear a profundidad la producción de telemelodramas de cara al nuevo milenio, aun cuando el caso de Televisa es diferente al de TV Azteca.

TV Azteca es una empresa joven que se ha aprovechado de la gran ansiedad que tiene buena parte del auditorio por cambiar de canal en busca de opciones diferentes, y ha ofertado telenovelas que pretenden diferenciarse formal y temáticamente de las de Televisa, consiguiendo hasta ahora un rotundo éxito con Mirada de mujer y un éxito relativo con Nada personal, así como fracasos con Tric-trac, Rivales por accidente, Al norte del corazón, La chacala y Demasiado corazón, que no pudieron cumplir con las expectativas creadas a su alrededor.

En este contexto, hasta ahora TV Azteca no ha aportado mucho al género (Epigmenio Ibarra aparte), pues gente como Juan David Burns o Humberto Zurita sólo han venido a remarcar los vicios y defectos que ya habían enseñado. La televisora del Ajusco, si realmente quiere ser diferente, debe cambiar el rumbo de las producciones de Azteca Digital y acercarse a la premisa que maneja Argos: propuestas originales distintas a las tradicionales y cercanas al individuo de hoy.

En las producciones de Azteca Digital se manifiestan algunos de los defectos más graves del género telenovelero: escritores sin oficio, historias poco originales, realidad mal (tratada) encauzada en el mundo de la ficción, personajes acartonados, actores improvisados (recordemos a Anette Michel y Jorge Luis Pila) e historias poco emotivas y aburridas; deformaciones heredadas de las malas producciones de la competencia.

Televisa, por su parte, es la empresa televisiva más poderosa en el mundo de habla hispana y sus telenovelas llegan a más de 120 países, su producción oscila entre 12 y 15 telemelodramas al año. Sus producciones dominan el gigantesco mercado mexicano y tienen gran aceptación en el extranjero, mercado que representa ventas por alrededor de 150 millones de dólares.

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La Pandora Televisa - Foto: Inspirado por una foto de www.la habanaelegante.com

Sin embargo, la telenovela de Televisa no ha sabido ajustarse a los nuevos tiempos, y se ha quedado atrapada en la telenovela rosa, en la producción austera (unos 40 mil dólares por capítulo) y en el conformismo estético de las realizaciones. Si Televisa quiere conservar su dominio en el consumo del género, tendrá que modificar sus esquemas de producción y su visión de la telenovela; cambios que no significan abandonar el melodrama y sus reglas, que dan la ventaja competitiva, sino ajustar el género a la nueva época; hacer una renovación temática, porque a diferencia de lo que creen muchos de los involucrados en la producción telenovelera, siempre hay algo diferente que escribir; no es necesario continuar improvisando escritores sin talento y sin oficio. Hay que dejar de prostituir la profesión actoral con seudo-actores prefabricados y mejorar la calidad del personal creativo que trabaja en las producciones. Todo esto arrojaría como resultado una telenovela con mayor sensibilidad, ironía y belleza en las imágenes, la edición, los diálogos, la musicalización y las actuaciones y, por supuesto, generaría una telenovela más competitiva capaz de seguir cautivando a su público y de conquistar nuevos adictos.

La telenovela mexicana del tercer milenio tendrá que recuperar muchas de las virtudes que ha perdido: el culto de la peripecia, el no inflar la historia, el buen manejo de la tensión dramática, el hacerse desear y hacerse esperar, el aprovechamiento inteligente del merchandising, el manejo de los grandes clímax en cada capítulo, el "gancho" del fin de semana, la elaboración de conflictos de sentimientos y caracteres, la manipulación inteligente del Bien y el Mal de principio a fin, la creación de personajes místicos y representativos y la recuperación del buen gusto.

Si pensamos como Charles Nodier, que "el melodrama es la tragedia popular que conviene a nuestra época", entonces vale la pena replantearse el tratamiento del género para ajustarlo a la época que vendrá y pueda conservar la popularidad que tiene, basada en su forma de encarar y explicar las relaciones humanas en la simplicidad de sus concepciones morales.

La telenovela mexicana del tercer milenio tendrá que tener contenidos más osados, más actuales, más realistas y transformarlos en objeto de entretenimiento ante el evidente cansancio temático que padece, y desechar definitivamente la censura disimulada bajo el nombre de código Hays; debe vincularse pedagógicamente a la ideología que está dominando los tiempos actuales y ocupando la vida de todos los estratos sociales: la democracia; debe adaptar sus reglas a la modernización tecnológica del video y la televisión; sincretizar la diversidad entre lo real y lo imaginario homogeneizándola, es decir, dar un tratamiento novelesco al hecho real y un tratamiento real al hecho imaginario; incorporar en mayor grado y con habilidad recursos narrativos literarios; darle menor peso a la casualidad (en busca de verosimilitud) en la narrativa de los acontecimientos y hacer más complejas las tramas; contaminar cada vez más el melodrama con otros géneros como la farsa, la comedia y lo didáctico; dejar a un lado la excesiva cursilería y la innecesaria solemnidad; contar con actores que sean dueños de los recursos histriónicos necesarios para darle vida a personajes más complejos; buscar propuestas de realización innovadoras, sugerentes y creativas que contribuyan a revitalizar la forma del género y darle al televidente la libertad de soñar y de encontrar el humor, la desolación, el amor, la crítica y la diversidad; es decir, respetar al público  ■


Raúl Dopico estudió Lengua y Literatura Hispánicas en la Universidad de La Habana. Es traductor, guionista y escritor.

Dejame un postit! | Correo Raúl Dopico |Revista: Etcétera |Articulo |30.04.1998